El amor no existe

Muchos de nosotros hemos pronunciado esta estúpida frase durante una mala racha, o durante una mala vida, como es mi caso, y todos sabemos que es una puta mentira, pero nos sirve como escudo para ir por el mundo obviando el amor, en cierto modo nos quita responsabilidad, no nos quiere nadie “porque el amor no existe”. Ya está.

La triste (o no) realidad es que el hecho de que a nosotros no nos toque ni con un palo, no significa que no exista, todos conocemos a parejas que llevan muchos años y están genial, y ahora me vendrá uno de los mayores tramposos de los de “el amor no existe” a decir: “es que están juntos por no estar solos, o por conveniencia, o por costumbre”. No niego que haya muchos casos así, pero también hay gente que está junta porque es lo que quiere, y porque se quieren. Y lo sabes perfectamente, hipócrita.

Es muy probable que tú nunca llegues a tener un Maserati, pero los Maseratis existen. Con el amor pasa más o menos lo mismo, menuda putada, ¿verdad? No tiene por qué serlo, la auténtica catástrofe sería que la afirmación que da título a esta bazofia de post fuera cierta, pero solo es una frase más de autodefensa, de las muchas que utilizamos para intentar suavizar un poco la realidad de nuestra mierda de vida.

Sí, es jodido admitirlo, pero el amor existe, que no se lleve bien con nosotros es otro tema, devastador para nuestro ego, para nuestra autoestima y para la salud de nuestro túnel carpiano, pero es lo que hay, y deberíais alegraros por ello, porque ya hay demasiado hijo de puta suelto por el mundo como para que encima el puto amor no existiera.

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Sanidad ¿pública?

Que la sanidad pública se ha convertido en un negocio más para que unos pocos chupen del bote, es algo que a estas alturas no sorprende a nadie, pero puede que no tengamos claro hasta qué punto se está deteriorando, y las graves consecuencias que tiene.

La falta de personal es alarmante, lo que conlleva más carga de trabajo, y un hospital no es una carnicería ni un bar de tapas, un fallo humano puede tener consecuencias fatales, consecuencias que la mayor parte de veces se ocultan, y nadie se entera, la imagen que se da es la de que “al final todo acaba saliendo”.

Con un 40 % menos de plantilla de limpieza, se limpian las mismas zonas que antes, ¿pero se limpian igual? Obviamente no, la gente hace lo que puede, en muchos casos a unas velocidades y con un estrés que puede que no sea lo más adecuado para desinfectar zonas de alto riesgo, como por ejemplo, un quirófano. Pero no todo es malo, la zona de gerencia siempre está limpia y reluciente, y eso es lo que importa.

No es raro ver a enfermos tener que esperar horas para ser trasladados a diversas zonas, dado que la plantilla de celadores es totalmente insuficiente para cubrir todo el área del hospital, tampoco es extraño esperar horas a que llegue una ambulancia para llevarse a un paciente.

La plantilla de enfermería y auxiliares también es totalmente insuficiente para el número de pacientes que manejan, y si no suceden más cosas es porque su nivel de responsabilidad es mucho mayor que el de los directivos que merman el personal de los hospitales a sabiendas de que conlleva un riesgo real para los pacientes.

Esto sucede en todos los estamentos que habitan en un hospital: médicos, personal de seguridad, servicio técnico, personal de cocina, personal administrativo… en fin, que si juntamos todo, es prácticamente milagroso que un día normal no se convierta en La Matanza de Texas.

A todo este despropósito hay que unir el aumento de las llamadas peonadas, cirugías no programadas que se realizan después del horario laboral de mañana, cobrando un extra por ello. Es decir, personal más cansado, y que se va a casa cuando acaba la lista de operaciones de ese día, no digo más. A mí en una de esas peonadas, se supone que me tenían que quitar una muela del juicio, pero me quitaron una muela sana, y la del juicio ahí la tengo, que la verdad ya se me han quitado un poco las ganas de volver a intentarlo, no sea que tampoco acierten. No os quiero asustar, pero igual que pasa con una muela, pasa con otras cosas, prefiero no dar detalles.

Cualquiera que trabaje en un hospital y no sea gerente, alto directivo, o tenga algún tipo de interés económico en defender lo que se está haciendo con la sanidad pública, sabe que no exagero en absoluto, más bien me quedo corto y me callo muchas cosas, cosas que nunca os contarán en “programas de investigación” de Cuatro, o en reportajes sensacionalistas de En Tierra Hostil, porque no pasan a 7.000 kilómetros, y está bien indignarse, pero con lo que pille lejos y no moleste a quien nos paga.

 

La burbuja

Fuera de las redes todos tenemos amigos, cada uno de su padre y de su madre, con sus ideas políticas, sus gustos musicales, su forma de vestir y sus neuras personales, y son nuestros amigos principalmente porque les consideramos buena gente, lo demás nos suda un poco lo que viene siendo la zona de la entrepierna más próxima a nuestra cavidad anal. Al menos eso es lo que quiero pensar, porque si alguna gente se comporta como en las redes, me los imagino caminando por la calle con un Avtomat Kalashnikova y acribillando a balazos a todo aquel que no lleve los símbolos con los que los portadores de tan preciosa arma se identifican.

Hay gente que solía utilizar las redes para evadirse de vez en cuando de una realidad que no es como nosotros quisiéramos que fuera, para hacer el pasayo e intentar pasar un rato agradable, sin más pretensiones. Esto ya se ha convertido en una utopía imposible, ya que si cometes el error de opinar que la berenjena Mirabelle está mucho más rica que la berenjena Talina, los fanáticos de la berenjena Talina iniciarán una cruzada contra ti, probablemente de días, puede que incluso de semanas, meses, años… y además es probable que ya te conviertas en un ser odiado por ellos de por vida.

Gente que te seguía de siempre, aprovechará que ya no lo hace para soltar toda la mierda que tenía acumulada contra ti, pasarás de ser el chico majete al que mencionaban con gilipolleces, porque sabían que al ser un gilipollas de manual como eres, les ibas a seguir el rollo con tus payasadas, a ser un infrahumano despreciable que jamás ha respetado a los legítimos defensores de la única berenjena que merece ser considerada como la mejor, la berenjena Talina.

También dirán que se te ha subido “la fama” a la cabeza. Esto es especialmente gracioso, porque por ejemplo Twitter, tiene unos 300 millones de usuarios activos, y hay gente que te llama “famoso” por tener 10.000 followers, que ya me contarás la mierda de repercusión que puedes tener en el mundo, pero en fin, no hay nadie al volante y no se puede pedir más. Otra cosa graciosa es que en un mundo con más de 7.000 millones de habitantes, los que creen que todo lo que escribe cualquier persona va por ellos, incluso gente que ni sabe que existen, te llamarán ególatra. Sin comentarios.

Total, que ahora resulta que si queremos evadirnos de la “realidad”, lo que tenemos que hacer es dejar las redes por unos días, y tomarnos un descanso de fanáticos, turbas linchadoras, seres de luz, gente que es mejor que tú porque lee 14 libros al día y luego cava un par de zanjas, y portadores de la verdad absoluta. Habéis logrado que el mundo real sea un lugar mucho más agradable que la burbujita de gente que os da la razón como a los tontos en la que habéis convertido un sitio que solía ser un oasis, y ahora es un puto infierno en el que cuanto menos tiempo pases, mucho mejor para tu salud mental.

Dobles caras

Os voy a contar un coñazo de historia que tuvo lugar en mi gimnasio, que para el que no lo sepa, es un lugar lleno de gente lerda, horrorosa y sin valores donde vamos a lucir mallas ajustadas y a mirarnos en el espejo. La mayoría no tenemos ni pajolera idea de quién es Engels, ni puta falta que nos hace, somos gente guapa.

Resulta que había un tipo que era el típico simpaticote, siempre de bromitas, hablando con todo el mundo de muy buen rollo, vamos, una especie de Chiquito de la Calzada de Hacendado puesto hasta arriba de Red Bull. Al principio bien, tiras una serie y a escuchar su gilipollez, pero cuando cogió confianza empezó a hacer comentarios sobre la gente negra que entrena en el gimnasio, comentarios que me dan tanto asco que no voy a reproducir aquí, así os evito los vómitos, que no está la cosa para tirar comida.

Al payaso este le veíamos tres horas a la semana, quiero decir, que podíamos haber actuado perfectamente como en Twitter, cuando hablamos con la gente negra criticamos su actitud, nos damos golpes en el pecho con una mancuerna y nos indignamos a voz en grito, y cuando estamos con él le reímos las gracietas, le llamamos crack, le hacemos reverencias y le pedimos que nos firme su libro, así no perdemos followers y quedamos bien con todo el mundo, pero no fue así.

La gente dejó de hablar con él, se le hizo el más absoluto de los vacíos, cuando se acercaba nos íbamos a otra parte, cuando nos decía alguna bobada de las suyas le ignorábamos y empezábamos a hablar del tiempo, de la cría de la rana común en cautividad o de lo bonitos que tengo los pezones, la verdad es que son para verlos. El tipo ha dejado de venir, al menos en nuestro horario no le hemos vuelto a ver, una pérdida terrible.

Es extraño, porque en el gimnasio nunca he escuchado a nadie proclamarse adalid de la revolución, de hecho la mayoría tiran bastante hacia el cuñadismo científico, pero resulta que a la hora de la verdad lo que cuenta son los hechos y tu forma de actuar. Ya ves tú, y eso que se supone que los posturetas están en los gimnasios, igual resulta que en otros sitios hay bastantes más.

Existe Carlos Baute porque hay gente que compra sus discos, aunque alguno se avergüence y lo haga a escondidas, porque claro, llevar una camiseta de Behemoth y luego escuchar música de gala de Nochevieja igual no queda muy bien de cara a tu querido público, y existe gente miserable porque es más cómodo mirar para otro lado, o incluso mirar hacia todos los lados y aplaudir a todo el mundo, así quedas de puta madre. Hasta que te pillan. Y siempre te pillan.

 

Qué hacer en un día de nesting

Ahora que se aproximan muchos días libres, y teniendo en cuenta que nadie nos quiere, es habitual leer a gente lloriqueando en las redes sociales porque se aburren en casa y no saben qué hacer con su tiempo libre. Con este post voy a intentar llenar un poco ese vacío que habita en vuestras tristes vidas, ofreciendo ideas para que vuestros días de nesting pasen de ser un drama épico de cojones a una orgía de sensaciones nunca disfrutadas anteriormente por ningún ser humano.

Una cosa muy socorrida que puedes hacer en un día de nesting es intentar cocinar algo nuevo. Mira a ver qué coño tienes en los armarios y la nevera y deja volar tu imaginación (es recomendable que elijas cosas con poco moho), saca a ese artista que llevas dentro e improvisa, que nadie te diga que no se pueden mezclar macarrones con lentejas, el mundo es de los valientes, también se reían del primero que se comió un percebe, o del primero que le echó piña a la pizza. Bueno, de ese se reían con razón, ya hace falta ser miserable. Un consejo que viene muy bien y que a mí siempre me ha funcionado, es cocinar con confianza en uno mismo y tener a mano el teléfono de algún servicio de comida a domicilio.

Otra cosa que va muy bien para entretenerse en esos días donde el pijama se hace dueño de la situación, es gozar de un momento de silencio. Sé lo que estáis pensando, no siempre se da la situación; los tontacos de las motos con el tubo de escape recortado, los vecinos que sobreactúan follando, los coches de bomberos pasando por tu calle, los sharknados, los aullidos de los lobos, Bertín Osborne y demás, pero aquí os dejo la solución. Poned en el buscador de Youtube “Fondo negro en silencio” y disfrutaréis de dos horas y treinta y ocho minutos de la más placentera calma. Cuando se acabe tenéis la opción de volver a poner el vídeo, ¿no es maravilloso?

Algo que aparte de entretenerte en esos días en los que no tienes planes también sirve para mejorar las habilidades del lenguaje, la memoria, la conducta, la inteligencia espacial, la destreza en los preliminares, la capacidad para respirar debajo del agua y aumentar la frecuencia con la que vas al baño, es aprender a tocar un instrumento. Si tenéis unos vecinos un poco hijos de puta, yo recomiendo elegir la batería o el violín, y si os hace ilusión no morir vírgenes es mejor que descartéis la guitarra, hasta el que toca la pandereta liga más que el guitarrista.

Ya por último os ofrezco una alternativa que hará que vuestro tiempo de ocio pase volando y estéis deseando disfrutar de un día más de nesting sin que la desidia se apodere de vuestras sucias almas: limpiar la casa, y donde digo limpiar la casa quiero decir masturbarse compulsívamente. Explora tu cuerpo, siente cada poro de tu piel, azota tus nalgas lujuriosamente, rellena tus orificios, agita tus miembros, lubrica tus sentidos, acaricia tus pezones, y recuerda, ten siempre a mano unas cortinas, un gato, o en su defecto, mucho papel de celulosa.

Espero que todas estas ideas os ayuden a que vuestros días libres dejen de ser un infierno, y recordad que no es más feliz el que más tiene, sino el que más dopamina, endorfina y serotonina es capaz de generar. Un beso sin ganas.

El hijo del director

Cuando iba al cole era más o menos igual de gilipollas que ahora, pero con pelazo, un pelo castaño claro precioso que caía sobre mis hombros y hacía palidecer de envidia a las más bellas estrellas del firmamento, algunas hasta vomitaban. Jamás llevé las puntas abiertas. Pero bueno, a pesar de ser un ejemplo a seguir y una referencia para todos, hoy no vengo a hablar de mí.

Mi clase era una clase normal, estaban los repetidores abusones, los que les hacían corrillo, los raritos que nos sentábamos detrás del todo y hacíamos canciones satánicas de la de ciencias y dibujos del de mates dentro de un ataúd, y bueno, luego estaba el hijo del director.

César era un chico más bien tímido, y el pobre se las llevaba todas solo por ser hijo de quien era, su padre era un ex militar que le presionaba para que fuera un alumno ejemplar y sacara notas dignas de su posición, y además tenía el plus de ser el blanco de todas las gracietas de los tonticos de la clase.

Los que iban de guays le solían decir: “venga César, espabila y defiéndete, que no es para tanto”. La cosa nunca es para tanto si no te toca a ti, de hecho la cosa siempre es una gilipollez que solo le puede afectar a un mierda, un flojo o un gallina, jamás a una persona hecha y derecha.

César acabó suicidándose a los 17 años con la pistola de su padre, es posible que para él la cosa sí fuera para tanto, pero bueno, la verdad es que yo tengo muchos problemas, y son problemas graves de verdad, no como las tonterías que le pasaban a César, así que tampoco voy a hablar mucho más del tema, no merece la pena.

Además yo tengo asuntos más importantes entre manos, temas serios de verdad, como socializar los medios de producción o derribar el capitalismo, mi lucha es real, no tengo tiempo para memeces de adolescentes que hacen un drama de auténticas tonterías, quitando protagonismo a lo que realmente importa, MI LUCHA.

Os dejo ya, que tengo muchas trincheras que cavar y no puedo perder ni un solo segundo con niñerías de gente egoísta que piensa que sus problemas son los más grandes del universo, a ver si aprendéis a mirar más allá de vuestro ombligo, ególatras. Menos yo, yo, yo y siempre yo, y más apoyar MI LUCHA.

Don’t feed the troll

El otro día me pasó algo bastante curioso, iba yo caminando con mi gran amigo Ildefonso por las calles de Alcorcón, cuando de pronto una imagen un tanto perturbadora se presentó ante nuestros ojos: un tipo bastante fornido con una camiseta de Maná estaba pateando la cabeza de una anciana y robándole la compra. Ya hace falta tener mal gusto musical.

Yo no presté mucha atención a la cosa, porque soy una persona increíblemente madura (aparte de guapísimo, inteligente, con un rabo enorme y con un gusto en el vestir fuera de lo común) que no cae en infantilismos tales como los de responder a las provocaciones de la gente que intenta llamar mi atención, así que proseguí mi camino. Hasta que el tocapelotas de Ildefonso tuvo que saltar: “oye tío, ¿hacemos algo?”.

A ver, alma de cántaro, ¿nos están pateando la cabeza a nosotros? Pues pasa del tema hombre, que eso es lo que quieren, don’t feed the troll. Y va el gilipollas de Ildefonso y me dice: “oye tío, ¿el de la camiseta de Maná que está pateando la cabeza de la vieja no es tu colega Luis Alfredo? ¿Pero como es posible que Maná siga sacando discos?”.

Manda cojones, la gente no sabe qué hacer para amargarte la vida. A ver, Ildefonso, que hemos salido a pasear, no me jodas la velada, que a lo mejor sí es mi colega Luis Alfredo, ¿pero eso qué coño importa? Vamos a seguir con el paseo y ya se cansará Luis (o el que sea, que oye, a lo mejor no es él, pero si es él sus razones tendrá) de patear a la señora, el tiempo pone a cada uno en su sitio, la historia condenará a Maná por sus crímenes.

Al final resulta que sí era Luis Alfredo el que estaba pateando a la vieja, pero oye, nadie es perfecto, vale que Luis es fan de Maná, cosa que no voy a aprobar de ninguna forma, pero no es menos cierto que es una persona con un corazón de oro que cuelga letras de Joaquín Sabina en Facebook, tampoco le vamos a crucificar por su afición a patear viejas, no seamos radicales.

La moraleja de esta historia es que hay que ser lo suficientemente maduro, frío, sosegado e inteligente como para no caer en provocaciones de gentuza que lo único que busca es llamar la atención. Tan maduro, frío, sosegado e inteligente como lo soy yo, que no es que yo lo diga, es que me lo dice todo el mundo, soy la polla con patatas con kétchup y mayonesa por encima, para qué os voy a engañar. Vosotros no, vosotros caca, rebota rebota y en vuestro culo explota. Os dejo, que he quedado con Luis Alfredo para tomar unas cañas y analizar en profundidad “Tesis sobre Feuerbach” mientras nos reímos de lo infantil que es el niñato de Ildefonso.