El tiempo pone a cada uno en su sitio

Han pasado más de dos años desde que se inició contra mí una brutal campaña de difamación en las redes, cuyo objetivo era destruirme y provocar mi suicidio, acusándome entre otras muchas cosas, de violación y de maltrato, y creo que es un buen momento para hacer balance, porque ahora es más difícil que los de las chapitas y las banderitas me acusen de hablar en caliente.

Sé que no os gusta que se hable de estas cosas, porque parece ser que hay que ocultarlas y hacer como que no existen, pero como hemos podido comprobar estos días, hay muchos más casos de los que algunos nos quieren hacer creer, y algunos están llevando al suicidio a las verdaderas víctimas, no a los que se hacen la víctima para asesinar a alguien, porque así es como hay que llamarlo, asesinato.

En mi caso, la reacción mayoritaria de la gente, salvo honrosas excepciones, fue desaparecer. Algunos me dejaron de seguir, y otros que tenían una relación habitual conmigo en las redes, o incluso en persona, me hicieron el más absoluto de los vacíos.

Hubo gente que solía salir conmigo y con mi ex, y que presenció su trato hacia mí, con algún bofetón bastante fuerte delante de todo el mundo, sin motivo alguno. También presenciaron mi reacción, que era hacer como que no pasaba nada. Ninguno abrió la boca en ningún momento, simplemente desaparecieron.

Otros me decían que no le diera importancia y que me callara, que el tiempo pone a cada uno en su sitio. Una persona incluso me confesó que mi ex le había reconocido que estaba mintiendo, pero que no iba a salir a decir nada “porque le daba vergüenza”, aunque tengo entendido que para eso hay que tenerla. Puedo estar equivocado, porque no tengo estudios. Con esa gente ya no tengo ningún tipo de relación, sin embargo ellos mantienen una relación cordial con muchos de mis difamadores. Sí, con los que llevan dos años mintiendo para intentar provocar mi suicidio, con los delincuentes. Mira, ahí tenían razón, el tiempo ha puesto a mucha gente en su sitio.

También ha llegado gente nueva a mi vida que me ha apoyado a raíz de este tema, ninguno de ellos son de lucir chapas, banderas o presumir de tener una moralidad impoluta, pero ahí han estado, simplemente porque consideraban que se estaba cometiendo una injusticia, y no necesitan soltar cada cinco minutos latiguillos como MUCHA RABIA, MUCHA INDIGNACIÓN, o el no menos famoso SILENCIO CÓMPLICE.

Hablar de estas cosas te resta followers, simpatías y puntos de izquierdista, y te invalida para ser aliado, drama terrible, ya que la vida sin nudes no tiene ningún tipo de sentido, pero comprenderéis que a estas alturas, a mí eso me sude bastante lo que viene siendo toda la zona de la polla. No sé si mañana estaré vivo, vosotros tampoco lo sabéis, pero yo soy consciente de ello, así que lo de callarse para no caer mal no parece un plan demasiado elaborado, sobre todo cuando hay tanta gente intentando que te mueras.

La justicia en estos temas tampoco es que ponga demasiado interés, yo llevo ya dos años con una querella abierta, y como podéis comprobar, mucha prisa no tienen. Vamos, que si yo me hubiera suicidado durante estos dos años, no pasaría absolutamente nada, y si lo hago próximamente tampoco le importará a nadie, nadie investigará nada, y simplemente se quitarán de encima a un pesado que lleva mucho tiempo intentando que se juzgue a “cuatro locas, no les des protagonismo, que verás como se cansan”.

Y ya no os doy más la plasta con un tema que sé que no os interesa nada y que os aburre, pero oye, es mi blog y me lo follo como quiero, y al menos me sirve para desahogarme y contar estas cosas al vacío, que suele ser con el único con el que se puede hablar de estos temas. Espero que me quitéis algún carnet más a raíz de este post, y que os lo metáis por el culo sin vaselina, un abrazo.

Anuncios

Acelguismo

El caso Morgan Freeman ha destapado la verdadera cara de ciertas personas de las que ya sospechábamos que estaban en el movimiento acelguista única y exclusivamente por la pasta, porque despedir a embarazadas igual no es lo más acelguista del mundo, y ya lo de reírse de alguien al que han intentado joder la vida utilizando mentiras y acusando falsamente de delitos repugnantes no tiene ni calificación, pero lo que ha quedado claro es que esta gente tiene poco de Ser de Luz y de adalid de la moral.

Morgan es un tipo famoso, su difamación tuvo mucha repercusión, y la falsedad de los delitos que se le imputaban también la tendrá, pero hay gente de la que casi nadie sabe su existencia que también ha sufrido y sufrirá en un futuro difamaciones, injurias y calumnias. En muchos casos cederán a la presión y el acoso en la red, y simplemente desaparecerán, algunos puede que no soporten acusaciones tan graves y acaben suicidándose. Los que tengan fuerzas para denunciar, puede que logren ser indemnizados, y los delincuentes tendrán que rectificar públicamente, pero esta rectificación no tendrá ni la décima parte de repercusión que tuvo su difamación.

Hace poco hemos visto como a una chica le decían: “ojalá te violen y te quedes sola”, todo por no defender el discurso sin cabeza del acelguismo, y no, no ardió Twitter, porque no se trataba de alguien al que hubiera que defender, no daba puntos de aliado meterse en ese jardín, era mejor taparse y “don’t feed the troll”. También hemos contemplado como ciertas personitas maravillosas que no tienen ningún problema en apoyar difamaciones en la red (sin nombrar al difamado, porque son muy cobardes) se ofendían gravemente por una broma sobre la oprimidísima reina Letizia y su alimentación. Esa es su escala de valores. Me vais a permitir que califique a esta gente de “puta basura”, que yo también tengo derecho a quedarme a gusto de vez en cuando.

Y en esas estamos, con partidos políticos poniendo en duda un derecho básico como es la presunción de inocencia, con organizaciones llenas de difamadores, y con la red convertida en un paraíso de acosadores e hijos de puta sin escrúpulos que se escudan en un supuesto anonimato y en una supuesta impunidad (que no es tal) para ejecutar sus venganzas personales, con el apoyo de infinidad de personas a las que les importa una puta mierda joder la vida de inocentes con tal de que no les quiten su carnet de “buena personita”.

El panorama es desolador, y no tiene pinta de que vaya a mejorar, porque si en la vida lo que importa no es lo que eres, sino lo que los demás piensan que eres, en la red esto se multiplica por mil, y la gente elige con lupa los temas con los que puede o no mojarse. Pero no quiero acabar sin dar un dato optimista, que no es plan de ponerse dramático: hay gente que no es como los acelguistas, y con ellos nos debemos quedar, entre otras cosas, porque sin ellos lo más seguro es que yo ahora no estuviera escribiendo esto, así que gracias por existir, se os quiere.

Sentido del humor

No soy alto, no soy guapo, no soy inteligente ni especialmente brillante, no se me da bien relacionarme con la gente, no tengo habilidades sociales y no poseo un atractivo natural que deslumbre a las masas.

No soy alegre, no soy gracioso, no tengo mucho dinero ni tampoco un trabajo de esos que todo el mundo admira, no tengo ningún talento especial, hago muchas cosas, pero todas a un nivel mediocre, tampoco tengo unas ganas contagiosas de vivir.

No soy un buen conversador, no soy la alegría de la huerta, no soy la típica persona con la que a todo el mundo le gusta estar, y como habréis podido deducir a estas alturas del texto, no poseo una autoestima especialmente desarrollada.

Pero hay una cosa que sí tengo, tengo sentido del humor, para todo. Puedo estar redactando mi carta de suicidio y descojonarme de lo que estoy escribiendo. El sentido del humor me ha salvado tantas veces que debería pedirle matrimonio, y ahora me siento más unido a él que nunca, porque resulta que ahora, al igual que yo, el sentido del humor está mal visto.

Te quiero mucho, sentido del humor, gracias por no fallarme nunca.

Eliminar la presunción de inocencia

Menudo título, ¿eh? Suena como a Edad Media. Pues para nada, es lo que están reclamando desde diversos sectores, en absoluto minoritarios, con delitos referentes a violencia de género, quieren que la palabra de quien acusa sea tomada como prueba, sin más, sin necesidad de ninguna investigación.

Obviamente, la gente que reclama esto no piensa que a un amigo, familiar cercano o incluso a ellos mismos les pueda tocar el gordo de algo que por desgracia se ha puesto muy de moda en estos últimos tiempos: las difamaciones, injurias y calumnias para intentar destruir a alguien, provocar su aislamiento, su linchamiento, que algún loco le de una paliza o se lo cargue, o que él mismo se suicide.

La gente que critica esta petición suele ser tachada de machista, facha, machirulo, cishetero opresor, misógino, etc, ya sea hombre o mujer, eso da igual, si no le das la razón en todo a los Seres de Luz, eres el mal, independientemente de tu género, y la sororidad no será aplicada contigo. Por supuesto, si eres mujer, has sido testigo de que alguien está difamando y así lo expresas, el yo sí te creo tampoco será aplicable en este caso, y también serás señalada.

Yo creo que no hay nada más fascista que acusar y condenar a alguien sin pruebas, pero bueno, es normal porque yo soy un reconocido mal bicho, ya que así lo dijo alguien por la red, y lo que diga esa persona no hay que ponerlo en duda, así que mi opinión tampoco cuenta mucho.

Alguien como yo, que en la puta vida le ha puesto la mano encima a nadie, y que ni siquiera soy capaz de meter fichas por DM, se ha convertido en un violador, en un maltratador y en un asesino de hámsters porque así lo dijo una persona que quiere verme muerto, y parece ser que hay gente que pretende que esto siga sucediendo con total normalidad no solo en la red, como hicieron conmigo, sino también por vía judicial. Vía libre para las venganzas personales y para seguir destruyendo vidas de inocentes.

Como dijo una de las personas que apoyó mi campaña de difamación: “Igual estoy equivocada, pero prefiero que paguen 10 inocentes a que quede un solo culpable en la calle”. Creo que esto lo resume todo, supongo que habrá gente que realmente crea que hace un bien con estas cosas, y no se para a pensar que le puede pasar a un hermano, a su hijo o a su pareja, o igual piensan que sí les puede pasar, pero les da lo mismo, porque prefieren 10 inocentes muertos a un culpable vivo.

 

 

 

Tiempo

Hoy en día nadie tiene tiempo para nada y todo el mundo va agobiado por la vida, sin embargo, se produce un fenómeno curioso que hemos descubierto gracias a las redes sociales: la gente se aburre porque no tiene nada que hacer, es decir, tienen mucho tiempo muerto.

No es extraño meterse en Twitter un domingo por la tarde y leer a hordas de gente alicaída y sin ilusión por nada que no sea fallecer, consumidos por la apatía y quejándose de que no tienen ningún plan a la vista. ¿Como es posible que se produzca esta situación? ¿Estamos ante el tiempo de Schrödinger?

Es muy posible que el regalo más bonito que alguien te pueda hacer sea su tiempo, y eso no se le da a cualquiera. A lo mejor estamos sobrevalorando nuestro tiempo, y por eso preferimos perderlo lloriqueando en las redes antes que ofrecérselo a alguien que vete a saber lo que hace con él. También pudiera ser que fuéramos un poco gilipollas, la ciencia todavía no ha sido capaz de descartar esta opción.

Puede que la gente trate tan mal al tiempo porque nadie sabe a ciencia cierta el tiempo que le queda, y piensan que no se va a acabar nunca, aunque la mayoría calcula este dato basándose en su edad. Son gente que se cree inmortal, libres de accidentes, enfermedades y muertes súbitas. Ah, la muerte súbita, el amor de mi vida…pero ese es otro tema que no viene a cuento, y del que hablaré en otra ocasión.

Yo ahora estoy perdiendo mi tiempo escribiendo esta mierda, porque mi vida se basa en intentar que el tiempo pase lo antes posible, y es que hay veces que el tiempo duele, sobre todo cuando nadie quiere compartirlo contigo. Ya salió el moñas llorón, típico perfil de individuo que tira su tiempo a la basura; no seáis como él, eso sí que es perder el tiempo.

Pensar demasiado es desperdiciar tu tiempo, así que voy a acabar ya con esta reflexión absurda que no lleva a ninguna parte, más que a llenar el vacío de alguien que tiene demasiado tiempo en un mundo donde parece que nadie más lo tiene. ¿Seré el hombre con más tiempo del mundo? Es muy posible que no, pero seguramente sea uno de los que menos fingen no tener tiempo.

¿Trabajas en un hospital? Uy, qué bien

Llevo más de veinte años trabajando en un hospital, y jamás me he avergonzado de mi profesión, aunque he conocido a mucha gente que sí se avergüenza de ella, cosa que no entiendo, porque no nos dedicamos a vender droga ni al tráfico de órganos, simplemente quitamos mierda.

Sí, quito mierda, supongo que habrá mucho decepcionado ahora mismo, porque siempre que dices lo de que trabajas en un hospital, la respuesta suele ser: “Uy qué bien, ¿eres médico o enfermero? Ah, que eres limpiador, yo pensaba que eras médico, como escribes bien y eso”. También sé utilizar los cubiertos y atarme los cordones de los zapatos, soy un parto aprovechado.

Tuve una ex suegra que le decía a sus familiares que yo era sanitario, “Porque mejor que no sepan lo que eres, que son muy tontos”. Trabajé con un compañero que vive en una urbanización de nivel, y decía que era médico. Una vez le mandaron a barrer la escalera de la entrada, y le pidió por favor a otro compañero que saliera por él, porque había un vecino suyo fuera y no quería que le viera con una escoba.

Durante una temporada, en mi centro de trabajo, los que limpiamos los quirófanos íbamos de verde, como el personal sanitario. No me ha saludado tanta gente en mi vida. Luego volvimos al uniforme de quitamierdas, y ya todo volvió a la normalidad, es decir, te vuelves invisible. A mí me vino bien, porque soy bastante sieso.

También hay compañeros que dicen que nosotros limpiamos, pero estamos a otro nivel, porque lo hacemos en un hospital, no somos limpiadores, somos técnicos de limpieza hospitalaria. A ver, so memo, tú quitas mierda, y da igual que lo hagas en un hospital o en una cuadra, no eres ni mejor ni peor por eso, al igual que tu profesión no te hace mejor o peor. Eres un limpiador, no hay ningún motivo para sentir vergüenza.

Otra cosa habitual es que familiares, o el propio personal del hospital te digan frases como: “Bueno, todavía eres joven, ahora estás limpiando pero a lo mejor más adelante encuentras algo mejor”. Puede, y a lo mejor no lo encuentro, ¿cuál es el puto problema? ¿Es un crimen que tu forma de ganarte la vida sea por medio de un oficio manual? Creo que de momento no.

No faltan los que dicen que cobramos mucho para lo que hacemos, o los que se quejan de que nuestro convenio es mejor que el suyo, siendo ellos personal cualificado. Somos privilegiados, pero nadie quiere ponerse nuestro uniforme, porque no acabamos de estar del todo bien vistos, es una cosa extraña.

No os digo que no me hubiera gustado estudiar y dedicarme a otra cosa, seguramente sí, si hubiera tenido posibilidades y cabeza, pero estoy a gusto con lo que hago, y jamás he sentido vergüenza, a pesar de que todos los días escucho comentarios que sería mejor no haber escuchado, pero bueno, vienen de gente que sí que me da vergüenza, mucha vergüenza ajena.

Mi primera vez

Caminaba volviendo de clase con mi mochila y mi peinado a tazón, que era lo que se llevaba por aquella época en los niños de casi seis años, al menos todavía no había surgido la moda de los peinados de tronista, algo bueno teníamos.

No recuerdo en lo que iba pensando, pero iba bastante empanado, como de costumbre. Sí recuerdo que no me emocionaba demasiado la idea de volver a casa, ya que el ambiente no era todo lo agradable que yo hubiera deseado. Para qué engañarnos, el ambiente era una puta mierda, no quería llegar a casa, así que tampoco iba demasiado rápido.

Lo de ir empanado mirando al vacío y pensando en vete a saber qué, se paga caro, y de pronto sentí como la tierra engullía mi pequeño cuerpo de infante. Me había caído en la zanja de una obra, y estaba hasta el culo de barro. Logré salir entre lágrimas histéricas, y como en esa época yo no tenía todavía muy claro lo de que Dios no existe, le pedí que me matara. Esa fue la primera vez que recuerdo haber deseado morir. No quería llegar a casa.