Dobles caras

Os voy a contar un coñazo de historia que tuvo lugar en mi gimnasio, que para el que no lo sepa, es un lugar lleno de gente lerda, horrorosa y sin valores donde vamos a lucir mallas ajustadas y a mirarnos en el espejo. La mayoría no tenemos ni pajolera idea de quién es Engels, ni puta falta que nos hace, somos gente guapa.

Resulta que había un tipo que era el típico simpaticote, siempre de bromitas, hablando con todo el mundo de muy buen rollo, vamos, una especie de Chiquito de la Calzada de Hacendado puesto hasta arriba de Red Bull. Al principio bien, tiras una serie y a escuchar su gilipollez, pero cuando cogió confianza empezó a hacer comentarios sobre la gente negra que entrena en el gimnasio, comentarios que me dan tanto asco que no voy a reproducir aquí, así os evito los vómitos, que no está la cosa para tirar comida.

Al payaso este le veíamos tres horas a la semana, quiero decir, que podíamos haber actuado perfectamente como en Twitter, cuando hablamos con la gente negra criticamos su actitud, nos damos golpes en el pecho con una mancuerna y nos indignamos a voz en grito, y cuando estamos con él le reímos las gracietas, le llamamos crack, le hacemos reverencias y le pedimos que nos firme su libro, así no perdemos followers y quedamos bien con todo el mundo, pero no fue así.

La gente dejó de hablar con él, se le hizo el más absoluto de los vacíos, cuando se acercaba nos íbamos a otra parte, cuando nos decía alguna bobada de las suyas le ignorábamos y empezábamos a hablar del tiempo, de la cría de la rana común en cautividad o de lo bonitos que tengo los pezones, la verdad es que son para verlos. El tipo ha dejado de venir, al menos en nuestro horario no le hemos vuelto a ver, una pérdida terrible.

Es extraño, porque en el gimnasio nunca he escuchado a nadie proclamarse adalid de la revolución, de hecho la mayoría tiran bastante hacia el cuñadismo científico, pero resulta que a la hora de la verdad lo que cuenta son los hechos y tu forma de actuar. Ya ves tú, y eso que se supone que los posturetas están en los gimnasios, igual resulta que en otros sitios hay bastantes más.

Existe Carlos Baute porque hay gente que compra sus discos, aunque alguno se avergüence y lo haga a escondidas, porque claro, llevar una camiseta de Behemoth y luego escuchar música de gala de Nochevieja igual no queda muy bien de cara a tu querido público, y existe gente miserable porque es más cómodo mirar para otro lado, o incluso mirar hacia todos los lados y aplaudir a todo el mundo, así quedas de puta madre. Hasta que te pillan. Y siempre te pillan.

 

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Autor: declasebaja

A veces hago caca.

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