Pedagogía.

Os voy a contar un cuento, espero que os guste.

Hace muchos, muchos años (unos veinte o así) un apuesto muchacho empezaba a trabajar en un prestigioso hospital de Madrid (no os emocionéis, no era médico, era un puto limpiador), y como era algo gilipollas, se había hipotecado. Al poco tiempo una malvada empresa llamada Ferrovial entró arrasando con todo y despidió al comité de empresa en bloque, situación que desembocó en una huelga indefinida, más concretamente 36 días.

Antes de la huelga, la gente andaba algo preocupada, la mayoría tenían una situación malísima y no iban a poder colaborar, recuerdo con especial cariño a un querido compañero que se acababa de comprar un chalet y un todoterreno, y claro, las letras hay que pagarlas, pero nos ofrecía su apoyo moral, qué majo era el hombre.

El caso es que el conflicto comenzó, y los que estaban de huelga no solían rotar, ya que los mínimos eran abusivos, para variar, y tampoco había una cantidad de gente dispuesta a pasar mucho tiempo sin cobrar, así que se hizo entre la plantilla una caja de resistencia para que los que no estaban de huelga ayudaran algo económicamente a los que ya llevaban semanas. No todo el mundo podía aportar, recuerdo a una señorita que entre sollozos decía que su situación no le permitía dar nada, luego fue vista comprando un cordón de oro, en plena huelga y en el mismo hospital. Además de eskirola poseía una gran inteligencia.

El gilipollas de la hipoteca se pasó la huelga comiendo natillas de tetrabrick, galletas y latas de una carne asquerosa que traía Cáritas, porque el piso había que pagarlo, mientras tanto observaba al del todoterreno y a la del cordón de oro trabajando normalmente, como si la cosa no fuera con ellos, y al resto de la plantilla dándoles palmaditas en la espalda y diciéndoles que no se preocuparan por no poder ayudar.

La huelga pasó, y también el tiempo, el del todoterreno y la del cordón de oro siguieron siendo dos de los personajes más queridos de la plantilla, hay que reconocer que eran muy simpáticos y chistosos, y la tipa del cordón de oro incluso animaba a hacer nuevas huelgas cuando había asambleas del comité de empresa, era todo muy bonito. Cuando la huelga se hacía realidad, ambos bajaban a lloriquearle a los encargados para pedir servicios mínimos, eran personajes entrañables a la par que carismáticos.

Ahora el gilipollas de la hipoteca tiene el doble de edad y una cuenta de Twitter donde a diario recibe menciones de gente insultando a huelguistas, y la gente le pide que en lugar de señalarles, que está muy feo, haga pedagogía, que les invite a un helado y les hable de amor, que gaste su tiempo en tipos que se ríen de sus compañeros y se aprovechan de su lucha, en bienquedas que pasan de follones, que nunca se meten en líos, que siempre se esconden. Esa gente que cae simpática, que sabe guardar las formas, que dan puto asco y que jamás estarán en mi trinchera.

Pedagogía mis cojones.

 

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Autor: declasebaja

A veces hago caca.

Un comentario en “Pedagogía.”

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