Qué hacer en un día de nesting

Ahora que se aproximan muchos días libres, y teniendo en cuenta que nadie nos quiere, es habitual leer a gente lloriqueando en las redes sociales porque se aburren en casa y no saben qué hacer con su tiempo libre. Con este post voy a intentar llenar un poco ese vacío que habita en vuestras tristes vidas, ofreciendo ideas para que vuestros días de nesting pasen de ser un drama épico de cojones a una orgía de sensaciones nunca disfrutadas anteriormente por ningún ser humano.

Una cosa muy socorrida que puedes hacer en un día de nesting es intentar cocinar algo nuevo. Mira a ver qué coño tienes en los armarios y la nevera y deja volar tu imaginación (es recomendable que elijas cosas con poco moho), saca a ese artista que llevas dentro e improvisa, que nadie te diga que no se pueden mezclar macarrones con lentejas, el mundo es de los valientes, también se reían del primero que se comió un percebe, o del primero que le echó piña a la pizza. Bueno, de ese se reían con razón, ya hace falta ser miserable. Un consejo que viene muy bien y que a mí siempre me ha funcionado, es cocinar con confianza en uno mismo y tener a mano el teléfono de algún servicio de comida a domicilio.

Otra cosa que va muy bien para entretenerse en esos días donde el pijama se hace dueño de la situación, es gozar de un momento de silencio. Sé lo que estáis pensando, no siempre se da la situación; los tontacos de las motos con el tubo de escape recortado, los vecinos que sobreactúan follando, los coches de bomberos pasando por tu calle, los sharknados, los aullidos de los lobos, Bertín Osborne y demás, pero aquí os dejo la solución. Poned en el buscador de Youtube “Fondo negro en silencio” y disfrutaréis de dos horas y treinta y ocho minutos de la más placentera calma. Cuando se acabe tenéis la opción de volver a poner el vídeo, ¿no es maravilloso?

Algo que aparte de entretenerte en esos días en los que no tienes planes también sirve para mejorar las habilidades del lenguaje, la memoria, la conducta, la inteligencia espacial, la destreza en los preliminares, la capacidad para respirar debajo del agua y aumentar la frecuencia con la que vas al baño, es aprender a tocar un instrumento. Si tenéis unos vecinos un poco hijos de puta, yo recomiendo elegir la batería o el violín, y si os hace ilusión no morir vírgenes es mejor que descartéis la guitarra, hasta el que toca la pandereta liga más que el guitarrista.

Ya por último os ofrezco una alternativa que hará que vuestro tiempo de ocio pase volando y estéis deseando disfrutar de un día más de nesting sin que la desidia se apodere de vuestras sucias almas: limpiar la casa, y donde digo limpiar la casa quiero decir masturbarse compulsívamente. Explora tu cuerpo, siente cada poro de tu piel, azota tus nalgas lujuriosamente, rellena tus orificios, agita tus miembros, lubrica tus sentidos, acaricia tus pezones, y recuerda, ten siempre a mano unas cortinas, un gato, o en su defecto, mucho papel de celulosa.

Espero que todas estas ideas os ayuden a que vuestros días libres dejen de ser un infierno, y recordad que no es más feliz el que más tiene, sino el que más dopamina, endorfina y serotonina es capaz de generar. Un beso sin ganas.

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El hijo del director

Cuando iba al cole era más o menos igual de gilipollas que ahora, pero con pelazo, un pelo castaño claro precioso que caía sobre mis hombros y hacía palidecer de envidia a las más bellas estrellas del firmamento, algunas hasta vomitaban. Jamás llevé las puntas abiertas. Pero bueno, a pesar de ser un ejemplo a seguir y una referencia para todos, hoy no vengo a hablar de mí.

Mi clase era una clase normal, estaban los repetidores abusones, los que les hacían corrillo, los raritos que nos sentábamos detrás del todo y hacíamos canciones satánicas de la de ciencias y dibujos del de mates dentro de un ataúd, y bueno, luego estaba el hijo del director.

César era un chico más bien tímido, y el pobre se las llevaba todas solo por ser hijo de quien era, su padre era un ex militar que le presionaba para que fuera un alumno ejemplar y sacara notas dignas de su posición, y además tenía el plus de ser el blanco de todas las gracietas de los tonticos de la clase.

Los que iban de guays le solían decir: “venga César, espabila y defiéndete, que no es para tanto”. La cosa nunca es para tanto si no te toca a ti, de hecho la cosa siempre es una gilipollez que solo le puede afectar a un mierda, un flojo o un gallina, jamás a una persona hecha y derecha.

César acabó suicidándose a los 17 años con la pistola de su padre, es posible que para él la cosa sí fuera para tanto, pero bueno, la verdad es que yo tengo muchos problemas, y son problemas graves de verdad, no como las tonterías que le pasaban a César, así que tampoco voy a hablar mucho más del tema, no merece la pena.

Además yo tengo asuntos más importantes entre manos, temas serios de verdad, como socializar los medios de producción o derribar el capitalismo, mi lucha es real, no tengo tiempo para memeces de adolescentes que hacen un drama de auténticas tonterías, quitando protagonismo a lo que realmente importa, MI LUCHA.

Os dejo ya, que tengo muchas trincheras que cavar y no puedo perder ni un solo segundo con niñerías de gente egoísta que piensa que sus problemas son los más grandes del universo, a ver si aprendéis a mirar más allá de vuestro ombligo, ególatras. Menos yo, yo, yo y siempre yo, y más apoyar MI LUCHA.

Don’t feed the troll

El otro día me pasó algo bastante curioso, iba yo caminando con mi gran amigo Ildefonso por las calles de Alcorcón, cuando de pronto una imagen un tanto perturbadora se presentó ante nuestros ojos: un tipo bastante fornido con una camiseta de Maná estaba pateando la cabeza de una anciana y robándole la compra. Ya hace falta tener mal gusto musical.

Yo no presté mucha atención a la cosa, porque soy una persona increíblemente madura (aparte de guapísimo, inteligente, con un rabo enorme y con un gusto en el vestir fuera de lo común) que no cae en infantilismos tales como los de responder a las provocaciones de la gente que intenta llamar mi atención, así que proseguí mi camino. Hasta que el tocapelotas de Ildefonso tuvo que saltar: “oye tío, ¿hacemos algo?”.

A ver, alma de cántaro, ¿nos están pateando la cabeza a nosotros? Pues pasa del tema hombre, que eso es lo que quieren, don’t feed the troll. Y va el gilipollas de Ildefonso y me dice: “oye tío, ¿el de la camiseta de Maná que está pateando la cabeza de la vieja no es tu colega Luis Alfredo? ¿Pero como es posible que Maná siga sacando discos?”.

Manda cojones, la gente no sabe qué hacer para amargarte la vida. A ver, Ildefonso, que hemos salido a pasear, no me jodas la velada, que a lo mejor sí es mi colega Luis Alfredo, ¿pero eso qué coño importa? Vamos a seguir con el paseo y ya se cansará Luis (o el que sea, que oye, a lo mejor no es él, pero si es él sus razones tendrá) de patear a la señora, el tiempo pone a cada uno en su sitio, la historia condenará a Maná por sus crímenes.

Al final resulta que sí era Luis Alfredo el que estaba pateando a la vieja, pero oye, nadie es perfecto, vale que Luis es fan de Maná, cosa que no voy a aprobar de ninguna forma, pero no es menos cierto que es una persona con un corazón de oro que cuelga letras de Joaquín Sabina en Facebook, tampoco le vamos a crucificar por su afición a patear viejas, no seamos radicales.

La moraleja de esta historia es que hay que ser lo suficientemente maduro, frío, sosegado e inteligente como para no caer en provocaciones de gentuza que lo único que busca es llamar la atención. Tan maduro, frío, sosegado e inteligente como lo soy yo, que no es que yo lo diga, es que me lo dice todo el mundo, soy la polla con patatas con kétchup y mayonesa por encima, para qué os voy a engañar. Vosotros no, vosotros caca, rebota rebota y en vuestro culo explota. Os dejo, que he quedado con Luis Alfredo para tomar unas cañas y analizar en profundidad “Tesis sobre Feuerbach” mientras nos reímos de lo infantil que es el niñato de Ildefonso.

Ya está la izquierda nosequé

Cuando empecé en esto del Twitter no tenía ninguna intención en hablar de política, de hecho, gilipollas de mí, mi objetivo era conocer a gente para poder hablar en otros idiomas y practicar un poquito, luego ya me di cuenta de que Twitter es cualquier cosa menos una red social, y lo de hablar con gente, sea en el idioma que sea, es algo bastante complicado. De follar mejor ni hablamos.

El caso es que como bien sabéis, de vez en cuando cometo la temeridad de dar mi opinión política sobre ciertos temas. Yo, un puto limpiador que no milita en ningún sitio, y tengo la poca vergüenza de opinar sobre lo que me salga de la polla en mi cuenta, cuando debería estar hablando de hacer caca las 24 horas del día, que de eso sí que entiendo. Deleznable.

Están los que te dicen “ya está la izquierda nosequé diciendo tal tal tal”, los que escribas la gilipollez que escribas sueltan el latiguillo “¿y tú qué haces, eh? Venga, cuéntanos tu vida, tío listo”, o los que te reprochan que no salgas a la calle, caves una trinchera e inicies la revolución con un AK-47 y cuarto y mitad de misiles tierra-aire. De los difamadores que van difundiendo que desayunas hámsters vivos y le dices a los ciegos que crucen en rojo los semáforos mejor ni hablamos, que bastante tienen con sus taras.

La verdad es que no recuerdo en qué momento me he proclamado autoridad de nada, pero me gustaría que me refrescarais la memoria, porque que yo sepa, en los ocho putos años que llevo en Twitter jamás he pretendido sentar cátedra sobre nada que no sea excretar o comer coños, que ahí sí que soy una autoridad. Bueno, tampoco, pero lo que quiero decir es que yo simplemente doy mi opinión, que te puede gustar más o menos, pero es solo la opinión de una persona, en el mundo hay aproximadamente 7.350 millones de personas, fíjate si importa algo lo que yo diga en mi mierda de cuenta.

Twitter ha llegado a un punto en el que no puedes abrir la boca sin que te salten 3 ó 47 a la yugular, que yo entiendo perfectamente que no os guste lo que escribo, a mí también me parece una puta mierda, pero coño, relajad un poco los intestinos y no le deis una importancia que no tiene a un tipo que escribe casi siempre cagando o en pijama. Venga chavales, un lexatin y a la camita. Os quiero mazo.

 

Cuando no estás

Cuando no estás, cierro los ojos y me voy contigo. Lo hago a todas horas, imagino tu mano cogiendo la mía, tu mirada brillante, y esa sonrisa que me hace tan feliz. Imagino que te abrazo, que te toco, que te desnudo, que recorro tu cuerpo con mis manos, que lo muerdo, lo beso, lo saboreo, que tiemblas junto a mí, y que me regalas tus ojos, con una mezcla perfecta entre deseo y ternura.

Cuando no estás te busco en el otro lado de la cama, abrazo la almohada y le pongo tu cara, y dibujo en mi mente una vida juntos, pero una vida real, con buenos y malos momentos, porque ahí también quiero estar. A veces te escribo cosas que no sé si llegarás a leer algún día. Cosas como esta, que seguramente sí voy a publicar, a pesar de la vergüenza, porque creo que vas a sonreír mientras lo lees, y eso lo compensa todo.

La verdad es que no me gusta nada cuando no estás, pero cuando no estás miro tus fotos, una y mil veces, así que mándame más. Sé que soy un pesado, pero es que me gusta mirarlas cuando no estás.

Machotes

Tengo un tío un poco homófobo, y a mí eso es algo que me toca mucho las narices, me las toca tanto que durante una temporada fingí ser gay para que sufriera un poco, hasta le dije que tenía un novio negro, para que se jodiera más todavía.

Mi tío es el típico machote fachilla, así que no es de extrañar que necesite reforzar su hombría, escupir por la calle, colocarse el paquete de vez en cuando, poner cara de duro mientras se enciende un cigarro y todas esas cosas que hacen los hombres de verdad.

Lo que me resulta un poco más sorprendente es que gente autodenominada de izquierdas llame llorón o nenaza a un hombre por mostrarse públicamente jodido, bajo de ánimos, o decir que ha sido maltratado, esto es práctica habitual en los “aliados” tuiteros, y bueno, a mí personalmente me parece una actitud bastante machista y homófoba, pero es solo mi humilde opinión, yo no soy un ser de luz como ellos, que son capaces de juzgar y condenar sin pruebas.

Cuando estás jodido te llaman llorón y nenaza, y cuando estás de puta madre, si escribes moñadas PARA DETERMINADA PERSONA, NO PARA VOSOTROS, PANDILLA DE GILIPOLLAS, son tan machotes que no pueden evitar mencionarte con sorna para que no les contagies tu cursilería. Vamos, que no te llaman “maricón” porque igual queda feo dentro de su círculo súper mega de izquierdas.

Si pinchas en @DeClaseBaja, arriba a la derecha te aparece un botoncito en azul que pone “Siguiendo”, si pasas el ratón por encima aparece “Dejar de seguir” en rojo, pulsa ahí y te librarás de convertirte en un ser despreciable que vomita arcoíris, y a mí me harás un gran favor. Muchas gracias por tu atención, MACHOTE.

 

 

 

Gracias

Hoy un hombre mayor me ha enseñado su móvil, un tanto preocupado, y me ha preguntado que por qué no tenía cobertura en el tren, se lo he explicado como he podido, y me ha dado las gracias varias veces, con una sonrisa que me ha hecho creer un poco más en la raza humana.

Supongo que a esta gilipollez no le hubiera dado mucha importancia hace tiempo, pero después de venir de donde vengo, esos detalles me llegan, y me ponen más blandito. Ya sé lo que estáis pensando, os jodéis, os toca aguantar tuits aún más moñas en Twitter, es lo que hay.

Los monstruos no han logrado hacer que me parezca a ellos en lo más mínimo, es más, han logrado el efecto contrario, cada día que pasa tengo menos que ver con ellos, cosa que me hace muy feliz.

Todo el mérito lo tiene la buena gente que ha estado conmigo este tiempo, a ellos sí que quiero parecerme, son mi ejemplo a seguir y mi motivación, y siempre les estaré agradecido, a esos que se quedaron cuando todos desaparecían, y a los que han aparecido cuando todos se largaban o se hacían los muertos. Sois cojonudos, de verdad.

Gracias a los que de repente parece que no me conocéis de nada, a los que habéis pasado de mencionarme, retuitearme a diario y recomendar mi cuenta a hacer como que no existo, a los que siempre habéis estado para las cañas y las risitas y ya nunca más se supo de vosotros, sois un ejemplo muy valioso de lo que no quiero ser.

Y sobre todo, gracias a los que no han dudado de mí en ningún momento, a los que no han cambiado su comportamiento conmigo, a los que me han defendido, a los que han estado cuando todo se venía abajo, y muy especialmente a mi chica, a mi compañera de trabajo y a mi mejor amigo. Os quiero mucho.